Ganadores del concurso Microrrelatos Contra el Desperdicio

AECOC  lanzó el pasado mes de julio la VI Lluvia de Ideas AECOC contra el Desperdicio Alimentario, el conocido concurso anual enmarcado en su campaña ‘La alimentación no tiene desperdicio’ y patrocinado por Carrefour que anima a los consumidores a exprimir su creatividad para poner en relieve el valor de los alimentos y el rechazo a su desaprovechamiento. El concurso de este año ha recopilado más de 500 microrrelatos contra el desperdicio alimentario de un máximo de 150 palabras. Participantes de todo el país han sacado su espíritu literario y creativo para contar grandes historias en pocas palabras.

Hoy, en el 8º Punto de Encuentro Contra el Desperdicio Alimentario, el Jurado ha elegido el microrrelato ganador y el segundo clasificado, llevándose como premio un cheque regalo Carrefour valorado en 500€ y 250€ respectivamente. Estos son los microrrelatos ganadores. ¡Enhorabuena!

 

  • «La nochebuena del solsticio», por Esteban Torres (Microrrelato ganador)

Mamá con ese discurso convincente que la caracteriza desde que nació ha logrado involucrarnos a todos en su idea de celebrar la Navidad el 23 de junio. “La nochebuena del solsticio” -dice. ¿Sus motivos? Muchos y variopintos: que si hay que innovar, que las tradiciones familiares comienzan así, que en realidad no queda demostrado que Jesús naciera en diciembre etc. Magnífico el pavo y los aperitivos que lo han antecedido. Y luego los turrones y las peladillas para rematar la calurosa velada. Pero a mí que no se me escapa detalle de su proceder y llevo un rato dándole vueltas a esta ocurrencia suya se me ha ocurrido ir a la cocina y rebuscar en la basura. Así he descubierto su verdadera razón para adelantar las navidades: el turrón caducaba a finales del mes y ella desde que la conozco siempre ha sido incapaz de desperdiciar nada.

 

  • «Sin tallas no hay paraíso», por David García (segundo clasificado)

Era muy elegante, vestía muy raro, piel oscura y mirada limpia. Si hubiera sido mayor hubiera pensado en la reina de algún lejano país. Entró al restaurante se sentó y pidió amablemente. Nadie la entendió. Llamamos al cocinero. -“Quiere una 18 de estofado de carne y una 4 de cerveza”. Fruncimos los ceños extrañados. “La princesa” sonreía. Terminamos comprendiendo que se refería a las tallas de la comida y bebida. Le explicamos que no conocíamos restaurante ni lugar alguno con tallas de comida. Reflexionó y gravemente preguntó cuántas personas habitaban España. Incrédulos sus ojos refulgieron y pude ver en ellos como en un cine; bosques inmensos plagados de animales, ríos de agua cristalina, miles de pájaros en el cielo. Finalmente atravesó su mirada lo que había visto hasta llegar al restaurante: cemento, humo, gente estresada, miradas ausentes. Lo comprendió todo, su mirada entristeció. Sus ojos brillaban. Yo también comprendí.

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